20/3/15

Salud física y psicológica dependen del amor




“Un niño debe crecer sin temor.
Debe tener un sentido de integridad (…)
Comprender que uno tiene miedo o no ama es un hecho inmenso,
sólo el comprender.”

         “K y la educación” en “Dentro de la mente”, 
de Jiddu Krishnamurti


   Cuando el amor  es el camino que transitas con tus alumnos, hay alegría todo el tiempo.

   Tal vez alguien diga: “Tengo que reprenderlos cuando no se comportan correctamente.”

   La diferencia fundamental entre una madre y una maestra es que el niño  (o la niña) se sabe amado por su madre, ya que no sólo salió de su vientre y se alimentó de su leche, sino que además ha sido alimentado con afecto durante todos los días de su vida.  Si esto no ha sido así, se manifiestan en el niño problemáticas de todo tipo: desde conductas agresivas hasta enfermedades.  Salud física y psicológica están en dependencia del amor que recibe o del cual experimenta carencias.  Mas sabiéndose amado, no se antagoniza con su madre cuando ella le llama la atención o lo reta.

  En el caso escolar, muchas veces se producen roces en la relación con los alumnos debido a la conducta incorrecta de éstos y a los retos provenientes del docente.  Esto ocurre más seguido al inicio de clases, cuando apenas se conocen y aún no se han descubierto mutuamente, ni se comprenden el uno al otro.  También es más factible que quien reciba la reprimenda no la acepte ni se corrija, sino que aumente su rebeldía o incurra nuevamente en acciones incorrectas.

   Si logras que un alumno te quiera, su obediencia para contigo será natural y no forzada.  Será más sencillo corregirlo, porque el afecto guiará tus actos y él los asimilará como “la leche materna”.

   En cambio, si tu autoridad se basa en el dominio, no se establece una relación natural.  El temor no deja lugar para el amor.  Si tus alumnos te temen, no tendrás su amor.   El camino se encontrará plagado de espinas y dificultades. 

   Cuando se siente amados, cuando experimentan tu afecto, entonces confían en vos, y te “permiten” que los corrijas.  La alegría fluye en el aula, fruto del amor.

   Tal vez alguien diga: “Mi trabajo es enseñar. Yo me enfoco en que aprendan.  Pero es tan difícil…  Hay tantos chicos con problemas de aprendizaje…”

   Es cierto.  Y he visto cuántos de esos chicos poseen una lánguida mirada de tristeza, pues no “encajan” en el mundo que los rodea.  Su existencia cada día se inicia con la maestra particular; luego, por la tarde van a la escuela; de ahí a la cita con la psicopedagoga; más tarde, la tarea en casa con mamá.

   Tanto para los que no tienen dificultades de aprendizaje como para con aquellos que sí las tienen, la “receta” es la misma: una alta dosis de amor y de alegría.

   Si logras que un alumno te quiera, podrás hacer cualquier cosa… él o ella aprenderá.  Si tiene dificultades, entonces serás creador de maravillas, verás milagros realizados.  Pues el amor despierta nuestra intuición y nuestra creatividad, nos inventa caminos donde parecía imposible trazar senderos.

   Amor y alegría van de la mano.  El afecto tiene que ser demostrado, lo tienen que sentir.  Y, cada día, la alegría tiene que manifestarse en pequeños gestos.

Si logras que un alumno te quiera,
todo se dará por añadidura.


Capít. 7 del Libro “Pedagogía de la Alegría” de Alejandra Lucía Rotf


  

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